Llegamos al lodge, dejamos el equipaje y acto seguido nos llevaron en barquita al campo de elefantes propiamente dicho. Todos los elefantes que había allí eran hembras así que no me sentí tan impresionada como cuando viví mi primera experiencia en las proximidades de Chiang Mai, en Tailandia, con aquel elefante macho, talla XXL…

Así es que la primera toma de contacto con el animalito fue un paseo, sentándonos de dos en dos en un banquito que está, más o menos, atado al lomo del elefante. Hasta este momento, bien. Por otro lado, todo tiene su precio: por sentarte en la cabeza del elefante te cobran 40.000 kips, y por darle unos plátanos 1.500 kips; si os hace ilu darles de comer, compradlos, pero lo de viajar en su cabezota lo podrás hacer al día siguiente.
Después nos llevaron a comer al lodge y acto seguido tuvimos el momento- relajación que marca la Ley en Laos o algo así… Volvimos al campo para llevar a los elefantes a comer y dormir, porque parece ser que duermen en otra zona diferente que no llegas a ver ya que llegado a un punto uno se baja y continua el mahout a lomos del elefante. Este paseíto digamos que era ya de un nivel dos, cada persona en un elefante con el mahout, pero a pelo, sin silla; es cierto que si tratas de ayudarte con las rodillas apoyadas detrás de las superorejas del elefante consigues milagrosamente mantener el equilibrio; pero mi problema fue que me tocó una elefanta con cataratas!!!, esto sí que es toda una experiencia!!!.
La pobre se iba dando cada golpe contra los árboles que me hacía temblar, y llegado un punto vi que se iba por otro sendero…, total que fuimos un ratito las dos solas…, junto con el maout, que me entendió perfectamente que no deseaba que se bajara del animal ni de broma… Lo que me faltaba, yo sola con una cegata, como para equivocarme de orden y enviarla directamente al precipicio… Y es que aunque te enseñan las órdenes que les tienes que dar, que consisten en 4 palabras simples: derecha, izquierda, párate y todo recto, la dificultad es que tienes que recordarlas y además acertar, claro… y cuando está una allí subida en un animal tan alto, pues te haces un lío increíble… Tengo que decir, que esta sesión fue un poco más sufrida, pero en todo caso divertida.
Continuamos con el plan y por la tarde, de nuevo en barquita nos llevaron a ver la catarata Iat Sae, que tiene un entorno bonito, una frondosa vegetación y un agua muy aturquesada, tremendamente apetecible a la vista; pero fría de narices. Muchas familias lugareñas van a pasar allí el día, los padres y las madres jugando a las cartas, acompañados de su beer lao y mientras tanto, las abuelas cuidando a los chiquillos junto al agua. Hay cosas que permanecen en todas las culturas, no!?

Esa misma mañana nada más ver el “desparpajo” con el que caminaba nuestro guía, ya intuí que nos había tocado un guía perezoso. Cierto es que en este país la gente no destaca precisamente por su energía y actividad, ya me lo dijo el tipo en la aduana: “relax and take it eassy, this is Laos”, pero lo de este chico llamaba la atención. Enseguida nos comentó que mejor regresábamos al lodge, a relajarnos antes de la cena que pretendía que fuera a las cinco y media… Hombre, teniendo en cuenta que habíamos salido de la ciudad casi a las 10, con retraso, y que ya llevábamos una sesión de relajación, y sólo eran las cuatro, pues tanta relajación ya aburría un poco… Pero allí nos vimos, leyendo un rato en la terraza y bueno, al menos conseguimos demorar la hora de la cena…
A propósito de la cena, el tipo de comida no me resultó tan espectacular como pensaba, ni siquiera aquello que se parecía a las patatas fritas y resultó ser algas “del río” fritas con aceite de sésamo… sólo de recordar el color de las aguas del río, casi me da algo… menos mal que siempre llevo unas barritas energéticas!! Supuestamente la cocina laosiana se parece a la tailandesa, y tiene influencia de la china y de la vietnamita, pero no he disfrutado tanto de la comida como lo hice en Tailandia o Vietnam.
Lo que si hicimos fue reírnos junto con los otros dos huéspedes, la pareja de alemanes de la habitación de al lado, que prácticamente era la misma porque estaba separada por un biombo como quien dice... Sorprendentemente, para darnos de cenar enseguida se espabilaron los dueños del logde y curiosamente, fue preguntarnos si queríamos algo más del bar, decirles que no, y anda!! Que se fue la luz, oye… Tuvimos una sobremesa a la luz de la vela y de las linternas, con anécdotas de viajes, cambios de impresiones del país y muchas risas, por no llorar, vamos, porque cuando nos paramos a pensar que habíamos pagado por estar en un sitio pasando casi hambre y a la luz de las velas…
Al día siguiente madrugamos un montón porque debíamos llegar hasta el punto donde dejamos a los elefantes la tarde antes, y teníamos que conducirles hasta el río y bañarles.
El momento baño, genial, muy divertido, pero como tienen esa talla de cabeza y esas orejas tan grandes, no te da tiempo a todo, bueno, a mí me faltó lavarle una oreja más a fondo. Te prestan un cepillo con unas púas superduras para que les rasques, el tipo insite que sin miedo, que les gusta, pero no sabes que hacer, yo pensaba, a ver si se mosquea y se pone de pie y me manda al carajo… Te pones perdida, eso sí, porque hay que echarle agua para quitarle el jabón, que eso de que se duchan con la trompa debe ser en las pelis de tarzán, yo no he conseguido verlo aún. Pues sí, es verdad, es una turistada porque dura cinco minutos, lo justo mientras los guías te hacen las fotos los guías, que luego hay que ver las fotos… el que si sale es el elefante, o al menos parte…. El caso es que yo me lo pasé de coña, y en las vacaciones y en la vida en general, ante todo hay trato de divertirme. No obstante, mi recomendación es hacer el curso en un sólo día.
















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