23 noviembre 2007

Isla de Cat Ba

Con esta mañana tan negra y lluviosa pintaba que la comida en la playita iba a tener lugar en el interior del barco, y que el kayak se nos iba a llenar de agua... Para colmo de males, a pesar del frío irremediablemente tuve que desprenderme de algunas de mis camisetas porque era obvio que se iban a mojar.

Después de desayunar nos llevaron a hacer kayaking, nos dieron los remos y unos chalecos salvavidas que era obvio que no salvarían, pero no había otra cosa. Hay que ve que imprudentes nos volvemos..., el guía nos comentó que el barco estaría allí atracado. Pues vale. Nosotras con nuestras barritas energéticas, rema que te rema, nos acercamos a alguna de las casas flotantes y hubo un momento que estábamos solas. Decidimos rodear un islote y después de un rato nos cruzamos con el guía y una lugareña que iban en otro kayak, y no va el tío y nos recrimina que nos salimos de la ruta!! ¿Pero qué ruta, so C_ _ _ _ _? Por lo visto se lo comentó sobre la marcha a los que tenía cerca, lo de la ruta quiero decir, y todos habían estado un rato en una playita, bañándose y todo. Nosotras aunque íbamos bien mojadas, no nos bañamos. Ni que decir tiene que no estábamos lo que se dice contentas con este guía.


Comida y más sesión de sobremesa. Caían chuzos de punta y seguíamos en el interior del barco. Más risas, desde luego, Romà y Elena nos hicieron el viaje mucho más agradable. Nos aproximábamos a la isla de Cat Ba
con un cielo negro, además del desagradable viento que también desembarcó con nosotros. Todos rechazamos el momento bicicleta, una ruta a través de la isla, bueno, la intrépida se lo estuvo pensando y tratando de convencer a su marido... Y puesto que el tema bici era complicado, ni corta ni perezosa preguntó en cuanto llegamos al hotel por el alquiler de una moto… Las chiquillas de recepción flipando, claro, diciendo que era peligroso y tal. Pero, ¿Qué es peligro para una intrépida mujer, eh? Pues allá que se fueron, de inspección al otro lado de la isla… Contaron que muy bonito, aunque no sé si verían mucho porque se les echó la noche encima…

Nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo de Cat Bat, y por el paseo marítimo, que bien podría llamarse paseín, bonito ver los barcos atracados pero lo que se dice el pueblo no tiene mucho de interesante. Comenzó a diluviar tanto que me tuve que comprar una porquería de chubasquero calidad bolsa de supermercado, no había otra cosa, y lo peor de todo es que el ambiente estaba muy húmedo y hacía fresco… Yo continuaba con mis chanclas de correa, otras tres camisetas y el pareo…



La cita para el bote-llón fue antes de cenar, en nuestra habitación que parecía una tienda local con toda la ropa secando... El vino de Dalang (centro del país), estaba aceptable pero las patatas fritas se parecían más a esas cositas que van de relleno en las cajas para que no se rompa el contenido…

Bajamos a cenar raudos y veloces... Ya no me quedaba nada seco y tuve que bajar a cenar con las pantunflas de plástico de hotel
, y por supuesto, el pareo, vaya trauma, para lo que soy yo de coqueta, jeje.



La comida bastante buena comparado con lo que nos tenían acostumbrados en el barco. Más risas, eso siempre.




Al día siguiente amaneció nublado, pero al menos tomé algunas fotos sin lluvia…




Os dejo un regalín, mejores fotos y un vídeo.

http://www.halongbay-vietnam.com/photos/index.htm

21 noviembre 2007

Bahía de Ha Long

Nos habíamos despertado con lluvia, qué contrariedad, porque eso iba a deslucir un montón los días, y las fotos, en la bahía de Ha Long y para una vez en mi vida que iba a estar en el lugar más emblemático de Vietnam, tener que ver ese espectáculo de la naturaleza salpicado de tantas gotas no era lo que más me apetecía, la verdad.

Durante el trayecto a Ha Long no llovía, diluviaba. Ya me estaba arrepintiendo de no haber llevado más ropa y las botas, porque estaba claro que las lluvias dispersas que había visto en Internet habían decidido concentrarse en esa zona… Unas tres horas dentro de aquel abarrotado minibús, con un paisaje muy verde, casas muy humildes y otras no tanto, incluso verdaderas mansiones, campos de arroz y ganado, y de repente una tumba o un montón de ellas. Nos contaron que las construyen junto a los campos porque así los que fallecen custodian las cosechas.

El pueblo de Ha Long es bien feo, y los barcos están apiñados en su pequeño puerto. A priori una piensa, vaya turistadaaa…, y no quiero decir con esto que no sea un lugar turístico, pero maravilloso y grábatelo con fuego, hay que verlo.

Navegar entre 3.000 islotes que te acosan y relajan a la vez, impresiona y es absolutamente recomendable si viajas al país. Al final del relato contaré la mejor manera de hacerlo, teniendo en cuenta nuestros errores…

Una curiosidad: Ha Long significa “El dragón que descendió al mar”. Cuenta una leyenda, que el emperador de Jade pidió ayuda nada menos que a un dragón con el fin de evitar una invasión enemiga vía mar. El dragón se lanzó al agua, y al caer, agitó tan fuerte su cola, que golpeó la tierra ocasionando los impresionantes valles y grietas que posteriormente se encargaría de cubrir el mar. Dicen que el dragón aún vive en el fondo de la bahía, pero no puedo corroborarlo, lo siento.

Respecto a las excursiones organizadas, decir que los precios varían bastante dependiendo del barco y fundamentalmente de la calidad de la comida, porque parece que grandes y pequeños nos vamos encontrando en los mismos sitios. Contratamos el viaje de tres días y dos noches (la primera en un barco de junco y la segunda en un hotel de 3 estrellas en la isla de Cat Ba), con la empresa mayorista APTravel, que a pesar de las fotos vistas y haber escuchado que era de las mejores, no la recomiendo ni a mis enemigos: mala organización, pésima comida y un guía con menos sangre que una silla, y lo que es peor, todavía tengo mis dudas de si nos colocaron en el barco de la categoría que habíamos pagado (75 $). Había una de lujo por 120$ y otra inferior por 50$.




Embarcamos, y enseguida nos dieron de comer mientras nos adentrábamos en la bahía.
Compartimos mesa con una pareja de españoles, Elena y Romà, y en el grupo además, había un chico británico y muchos australianos, uno de ellos casado con una mujer coreana, que se quedó con el mote de “la intrépida”. Qué energía. La comida fue estupenda, con marisquito, bueno, lo que esperábamos.

Después atracamos en una isla porque teníamos un trekking, de menos de una estrella todo hay que decirlo, que empezaba con unas escaleras y continuaba con una subida empinada, para terminar con un espectáculo fascinante. Tuvimos la oportunidad de bañarnos, pero aunque la temperatura del agua era agradable, la exterior era fresca, fresca, y tan sólo hubo una mujer valiente que se baño con las medusas. Noooo, no fue la intrépida, fue Núria. Yo, medio valiente: hasta la rodilla!!















Esa bahía es todo un espectáculo para los ojos de cualquiera, de verdad que sí, con esas pinceladas de islotes, cavernas espectaculares y pequeñas playas, aunque el esperado color verde jade era más bien azul plomizo. Lo perverso, que el agua cristalina brillaba por su ausencia, y es lamentable que un bien declarado Patrimonio de la Humanidad aloje tanta porquería a su alrededor. Deberían quitarle “el diploma” hasta que no sean capaces de cuidar ese entorno.


Nos llevaron a ver la cueva Hang Dau Go (Cueva de las estacas de madera), una impresionante cueva formada por tres cámaras, con estalactitas y estalagmitas, y a la que se accede a través de mogollón de peldaños, noventa según la guía.

Su nombre se debe a que, supuestamente, fue utilizada en el s.XIII para almacenar las afiladas estacas de bambú que el general y gran héroe nacional Tran Hung Dao, clavó en el lecho del río Bach Dang con el fin de cortar el paso a la flota invasora china de Kublai Khan.

“Los hijos de Khan, que habían aprendido de los chinos el arte de la navegación, sufrieron una derrota humillante y perdieron todos sus barcos, lo que impidió que el imperio mongol se extendiera también por Vietnam.”

No obstante, aunque la gruta en sí es muy chula, cuevas si había visto en otros lugares y lo significativo para mí fue disfrutar del mar y de sus islas, y de todo en general, porque es muy curioso ver los pueblos flotantes, que tienen casas y bajo el suelo una piscifactoría instalada. Bueno, y perros y parabólicas y la casa-escuela, y el barquito que transporta a los niñ@s al cole.

La gente vive en casas construidas sobre balsas de madera debajo de las cuales están las piscifactorías, de manera que crían allí los peces y mariscos y cuando engordan, los venden. Además de la pesca, es obvio que el turismo es otra fuente de ingresos para ellos, y en el momento que los barcos de turistas se acercan, aparecen las barquitas-frutería y la modalidad de barquita-kiosco con bebidas, galletas y bolsas de no se sabe muy bien qué.


Ahí va una panorámica desde la gruta Hang Dau Go.



Cuanto me hubiera encantado disfrutar de la cubierta del barco, pero con la rasca que hacía… Llevaba tres camisetas y el pareo a modo de chal, ya veis que poderío, pero era todo lo que tenía, snif, snif, y sólo me quedaba por ponerme la manta de la cama.

Los precios de las bebidas eran de escándalo para algunos, y mientras los australianos bebían vino a raudales en cubierta, los españoles de regateo con la mujer de la barca-kiosco... Al final compramos una botella de vino del país y lo que parecía ser patatas fritas onduladas, pero el guía nos advirtió después de hacer la compra sobre la multa de 5$ por persona si bebíamos el vino. Claro que nos cabreamos, porque sólo nos comentaron bebidas no incluidas, y si bien es cierto que teníamos sacacorchos, no estaba la cosa como para pedir copas prestadas así que pospusimos el botellón para la noche siguiente.

Después de una cena lamentable, sobremesa en español. Nos llevaron un pescado al horno, calamares a la romana, cebolletas también rebozadas y otro rebozado de no supimos qué, vamos que parecía que estábamos en una terracita de Málaga con una fuente de frituras malagueñas..., y el colmo fue cuando vinieron las patatas fritas!!! Eso sí, mientras terminábamos las cervecitas, muchas, muchas risas, comentando anécdotas sobre los días anteriores y cosillas a tener en cuenta, porque dio la casualidad que viajábamos en sentido contrario, bueno, y ellos además, venían de la entrañable Camboya. El resto del grupy jugando al póker, creo. El guía con sus compatriotas. Llegó la hora de dormir. Nuestro camarote estaba junto a la cocina y al motor del barco, y parece ser que olía fatal a gasolina. Yo ni me enteré, hasta que sonó el despertador a eso de las cinco… Una pena, seguía nublado, así que lo de la puesta de sol en la bahía tendría que soñarlo, una vez más…



















20 noviembre 2007

Superando miedos en Ha Noi

Llegamos alrededor de las 5:15 de la mañana a Hanoi, aún era de noche. El chiquillo del hotel no estaba en la estación, así que cogimos un taxi a precio de turista que no tuvo más remedio que pagarnos cuando llegamos. La habitación que nos dieron (12$) no era para tirar cohetes, pero no había otra cosa y al menos tenía ventana con vistas al patio interior, al que no podían acceder las motos, gracias a Buda!! Diréis que soy pesada con el tema motos, pero hay que vivirlo...

Aprovechando el madrugón habíamos previsto ir al mercado de la flores, que está a pocos Km de Hanoi en dirección al aeropuerto, y después dedicar el día a ver la ciudad. El chavalillo del hotel se ofreció a llevarnos en moto, obviamente, previo pago, así que les contratamos a él y a su colega para hacer lo previsto. Nos timó, (10$ por persona, de 7 a 16pm) éramos conscientes, pero a esas horas no estábamos para discutir y el hecho de que trabajara allí nos daba ciertas garantías. Habíamos contratado con ellos una excursión para el día siguiente a la Bahía de Ha Long y el vuelo a primera hora de Hanoi a Hue para el día 4 de noviembre.

No obstante, lo importante del día para mí fue que mi
miedo a las motos estaba superado!!!! Y es que hay cosas que pesan en la vida de una, y una rotura de mandíbula por tres sitios, con desplazamiento incluido como consecuencia de un accidente de moto, me ha dejado un poco apartada de las dos ruedas durante años...

Aquí dejo un par de estampas del mercado, muy bonito, aunque a las seis de la mañana debe ser más impresionante aún. Y hay que ver lo que cargan en las bicis y las motos, y aquí por un ramito de nada enviamos un mensajero...





Pero el chavalillo no terminaba de comprender nuestro interés por el mercado de las flores, de hecho era la primera vez en su vida que iba allí, y él, de lo que realmente tenía ganas era de mostrarnos el maravilloso mausoleo de Ho Chi Ming, ese que a nosotras nos resultó un rato feo.


Una mole de cemento
en la línea de esa estética comunista, plagado de turistas, de vietnamitas que van de peregrinación y de andamios. A mí, particularmente, me hizo más gracia la escena de cantidad de jardineros, en Vietnam hay casi tantos como motos, que se ocupaban de cuidar el jardín que había frente al mausoleo. Creo que le decepcionamos, por eso, y porque no nos interesara entrar en el museo o ver lo que fue la casa de Ho; pero no había tiempo, ni siquiera para ver el etnológico que me hubiera encantado.


Desde la moto vimos el Palacio Presidencial, un edificio colonial realmente bonito construido para ser el palacio del gobernador general de Indochina y que actualmente parece que se utiliza como un "todo incluido" para los Jefes de Estado que visitan Hanoi.


Muy cerca del mausoleo se encuentra la pagoda del Pilar Único, un pequeño santuario de madera que ocupa tan sólo 3m2 , y se apoya en una sola columna sobre un lago de mentirijillas. Está reconstruida, porque la original fue destruida por los franceses en 1954, y parece que allí acuden las parejas que desean tener hijos.

"En el año 1028, el emperador Ly Thai Tong soñó que Quan The Am Bot Tat, la diosa de la misericordia, le concedía un heredero. Inmediatamente, el emperador se desposó con una campesina que le dio su primer hijo y como agradecimiento, levantó en un estanque de nenúfares una increíble pagoda de madera con un solo un pilar".

Pagoda del Pilar Único

Próximo a esta pagoda, está el Templo de la Literatura, dedicado a Confucio y que constituyó la primera universidad vietnamita. Un lujo de sitio, sin motos, nadie grita...

"En el año 1070, el rey Ly Thai Tong fundó un colegio nacional con el objetivo de educar a los futuros mandarines teniendo en cuenta las ideas de Confucio. El conocimiento de los clásicos confucianos, así como el dominio de la composición literaria y de la poesía, eran los principales requisitos del riguroso curso de tres años de duración que culminaba con un examen muy competitivo para obtener el diploma."

En ese marco formidable cumplimentamos una encuesta sobre el país y el trato que recibíamos los turistas, una lástima que nos pillara al principio del viaje porque esas estudiantes de Turismo no iban a tener hojas suficientes...


Jardines del Templo de la Literatura

Comimos Cha-Ca en un sitio típico, tanto que únicamente había comensales lugareños que nos miraban atónitos; consiste en una sartén colocada en una especie de fondue, en la cual uno mismo va cocinando el pescado o carne acompañado de verduritas y por supuesto, de arroz. Nosotras la pedimos de pez volador. De ese sitio no tengo tarjeta, no tenían, pero hay muchos en la ciudad.

“La comida vietnamita está compuesta por cinco sabores: salado, dulce, amargo, picante y ácido, y se corresponden con los cinco elementos de la naturaleza: fuego, tierra, metal, agua y madera que a su vez representa los colores rojo, amarillo, blanco, negro y verde. Dice la antigua tradición taoísta, que la cocina debe buscar el mismo sutil equilibrio que se encuentra en la naturaleza en cada plato, haciendo siempre presente estos cinco sabores.” Si ellos lo dicen, será verdad. A mí, sencillamente me encantó.

Con las barriguitas llenas fuimos a ver la Pagoda Tran Quoc, que ocupa una pequeña isla en el lago Oeste (Ho Tai), un entorno precioso. Junto a la pagoda, un lugareño pescando sobre una silla de forja... Tronchante!!!





Pagoda Tran Quoc


El tour lo terminamos en las proximidades del mercado de Cho Hom, donde disfrutamos un montón. Compramos plátano frito y otros dulces, mascarillas de diseño para la boca, de colorines y con flores o animalitos, muy Agatha.



También compramos esta fruta cuyo buen sabor es directamente proporcional al mal olor que desprende, hasta el punto que en algunos hoteles tienen prohibido llevarla a la habitación. Después, nos dimos un masaje de pies de rigor (una hora, 2,80€) en los alrededores del mercado, típico vietnamita dijeron, y nos pusieron paños calientes así sin avisar...

El colmo fue cuando al terminar una de las chicas nos pidió propina. El masaje me gustó, y aunque nos pareció un tanto descarada, busqué la cartera para darle algo. Tiempo perdido, porque ella quería dólares y la rechazó. Pues adiós.



El barrio francés es muy chic, con grandes avenidas y unos
edificios de la época colonial preciosos, con tiendas más monas y muchas galerías de arte. Las pinturas que vimos preciosas, pero difíciles de transportar...


Llegamos andando al barrio antiguo. Muchas de las casas, obviamente, son muy antiguas y tienen una arquitectura un tanto especial, con fachada muy estrecha y mucho fondo, algunas con balconcito, pocas ventanas y parece obvio que con poca luz. La razón de esa estrechez es tenían que pagar impuestos según los metros de fachada que tuviera la casa, y por lo tanto la gente construía casas con la menor fachada posible y el máximo fondo….

Quizás el hecho de no tener ventanas hace que prefieran hacer su vida en la calle, como si no hubiera ya bastante follón con las motos, brurrg!! Los pobrecillos de las bicis no molestan, pero es que los de las motos..., entre que se mueven en una dirección que solo ellos saben (allí "está permitido" cruzar en diagonal), y que conducen super-rápido y pitando sin parar...

Claro, que también te ríes con ellos porque no me diréis que no os troncharíais al ver a un tipo en una moto con una bañera "protegida" con dos cartones y unas cuerditas, de ese modelo triangular que se adaptan a las esquinas, y me refiero a una de las puede uno ver en catálogos de baños, que mi madre decía que..., "hombre, bien atada...", dando por hecho que era de juguete... Ha sido el top-10 de todo lo visto, porque escenas de tres y cuatro personas en una moto era bastante normal, yo creo que hasta que no son 5 de familia no compran la segunda moto. En la modalidad de bicicletas tenemos al tipo que llevaba la cama de matrimonio, ya montada, con su cabecero y todo. No hay documento gráfico de nada de esto, pero os aseguro que es cierto. En definitiva, Hanoi es una ciudad alucinante y me encantó, pero no viviría allí ni harta de ron.

Las calles de este barrio conservan todavía nombres de gremios: farolillos, bambú, hojalateros..., vamos, muy pintoresco todo ello. Sería un lugar hasta agradable para pasear si no fuese porque tienes que compartir el espacio ya que las estrechas aceras se convierten en un parking en batería para motos. Los huecos libres que podrían ser usados por los peatones los han pillado los comerciantes y los tropecientos de chiringuitos de comida con sus mini-taburetes y mes-itas comprados en el ToysRUs. Y si a esta escena le pones volumen, con el sonido de las motos y los gritos de los lugareños que te ofrecen una moto, fruta o alojamiento...

Era ya bastante tarde cuando llegamos al hostal y cenamos en un sitio próximo (Nam Thang, junto al Mike's Hotel), cutre, cutre; pero, creo que fueron las únicas personas amables que nos encontramos, tanto es así que volvimos en dos ocasiones más!!! Tenían sólo tres mes-itas y muy pocas sill-itas. Núria era uno más de ellos, con su sopa por 40 Ctm/€, y yo con mi bocadillo por el mismo precio, de ternera con verduras pasadas por la sartén, sipp, es raro, ya lo sé. Otro día probamos la parrillada,... cenamos ambas con cerveza por mucho menos de 3 euritos y muy bueno todo, y además te lo ponen para llevar!!! De nuevo a hacer la mochilita para el viaje a la bahía...


19 noviembre 2007

Por las montañas de Sa Pa

Salimos de Hanoi a las 23pm y llegamos a Lao Cai a las 8am, pero el viaje fue en un tren de inferior categoría al que habíamos reservado, y por alguna extraña razón nuestra reserva a través de Internet no sirvió de mucho, y el impresentable de la guest nos comentó que el tren salía más tarde, pero que era mucho más rápido y mejor. Mentira cochina. Mediodía en el país y ya empezaba a sospechar que lo del timo iba a ser constante… Habíamos contratado primera clase en litera blanda, porque el mundo de los trenes en Vietnam da para un Máster, y hay también litera dura, sillón blando, sillón duro y después ya pasamos a segunda clase también con toda una gama de posibilidades.


Nos despertamos después de haber dormido razonablemente bien, gracias a que estábamos agotadas porque el traqueteo no ayuda mucho, y al poco tiempo llegamos a la estación de Lao Cai ciudad fronteriza con China. Supuestamente muchas furgonetas esperan a los turistas para trasladarlos al pueblo de Sapa o al de Bac Ca, pero debe de tratarse del tren que llega a las 6am. El caso es que la mejor opción con vistas a aprovechar mejor la jornada y ver el mercado de Bac Ca (solo los domingos), era ir en taxi o coger un autobús local que salía alrededor de una hora después, porque los horarios a lo mejor no se cumplen y puede que decidan no salir hasta que no se llene. Menudo viajecito. Una hora aproximadamente tardamos, supongo que algo menos de lo que le llevaría al bus o a un taxi normal, porque el nuestro era un taxi volador... Los de las motos a toda pastilla, por supuesto.


El mercado de Bac Ca me encantó, bueno, ya sabéis lo que soy yo con las compras; pero es que éste es una monada de ver, aunque no compres, con la gente de las tribus locales ataviada con sus trajes de
vistosos colores y vendiendo muchos productos hechos por ellos, tanto comida como textiles. Sólo nos atrevimos con una especie de buñuelitos, muy ricos.

A los pocos minutos de llegar me comenta Núria que nos estaban haciendo fotos!? Yo intentaba moverme pensando que estaba en el ángulo de tiro de la foto, pero el objetivo me seguía. Una parejita de lugareños estaban entusiasmados con mi color de pelo y no sólo me hicieron fotos, también querían hacérselas conmigo. Me sentía un poco mono de feria, la verdad y por muy increíble que parezca me preguntaron muchas veces por mi color de pelo durante el viaje.

Miramos varias cosas y finalmente compramos algunos bolsos, bueno, yo compré varios bolsos, y es que eran una monada, ocupan poco y los precios eran irrisorios. Comimos en un restaurante sencillito y nos pasamos la tarde de minibuses, uno a Lao Cai y después otro desde allí a Sapa (40Km, mínimo 50 minutos.) Que nadie se vuelva loco buscando algún transporte directo a Sapa porque no hay, y el último minibus salía sobre las cinco.

El pueblo de Sa Pa es muy pequeño, tiene dos calles principales más o menos, pero con mucho ambiente. Nos fuimos directamente al hotel Cat Cat, porque me lo había recomendado una madrileña que estuvo allí en septiembre y aunque no estaba en el centro tenía vistas estupendas a la montaña. Lo que no podía intuir Beatriz es que en este mes y pico habían levantado una casa justo al lado y las vistas a la montaña estaban en el poster, jaja. Salvo por las dos cucarachas talla XXL que residían en el baño, la habitación fenomenal y dos ordenadores en recepción, disponibles gratuitamente. Hay mogollón de sitios donde se pueden contratar, pero por comodidad nos decidimos allí mismo por un trekking de día completo para el día siguiente, que significaba de 9 a 16pm.

Cenamos en un restaurante local. Todo un riesgo porque no había clientes, sólo la familia cenando. Todo un acierto, por otra parte, porque nos encantó la comida especialmente el jabalí al lemon grass, repetimos y todo. Al día siguiente desayunamos en el restaurante situado frente al hotel. Núria perfectamente integrada en el país pidió la típica sopa pho, de ternera; pero a mí me pasaba como a Mafalda, como que no me atraía, y tan feliz con mi pancake de plátano con chocolate, que me encanta, así que dejé la sopa para el momento en que mi dominio de palillos fuera absoluto, porque comer una sopa con palillos tiene un grado de dificultad importante. Todo esto junto a unas cobras que estaban encerradas en unos botes de cristal.


Listas para el trekking. Compartimos excursión con otra española residente en Indonesia y con una americana, además de la guía, y de parte de una familia local: la abuela, la madre con su bebé a la espalda, y 5 o 6 niñas. Después de un no, no, no de la guía seguido de un sí, sí, sí de ellas, vinieron con nosotras. No es que les guste el senderismo, a lo mejor también, pero su objetivo es vendernos sus productos, pulseritas y bolsos hechos a mano o fundas de cojín teñidas con índigo y aunque su inglés es muy básico, les es suficiente para preguntarnos las cuatro cosas que más les interesan: cómo nos llamamos, de dónde somos, si estamos casadas y cuántos hijos tenemos. Vaya panda de cotillas los vietnamitas. Yo nunca pasé de la segunda, aunque tengo muy presente el consejo de mi amiga Nekane cuando viajo sin pareja: siempre viuda y como mínimo tres hijos, porque así se quedan content-itas.

Teníamos por delante unos 10Km y atravesaríamos tres pueblos a través de una zona montañosa. Al principio íbamos por una carretera bien asfaltada, vimos una gasolinera y todo, ejem, y aparentemente era como si continuara el pueblo.

Nos empezábamos ya a mosquear, pero después de un rato, surgieron magníficos paisajes y lugareños trabajando en los campos, fundamentalmente mujeres. Estampas preciosas.



Hay momentos en los que es mejor utilizar el zoom:-))

En esta región vive un amplio mosaico de grupos étnicos, a destacar los hmong, los dao y los giay.



Más de la mitad de la población de la zona pertenece al primer grupo, como nuestras compañeras de viaje, y se dedican a la venta de lo que he comentado. Nos encontramos también con un grupo de mujeres dao, que son bastante atractivas, muchas sin pelo en la cabeza, y llevan mucha baratija plateada y una especie de gorro a modo de turbante de color rojo, del que cuelgan una especie de borlas de lana.


Momento descanso. En la foto, algunas de nuestras compañeras de viaje. Aquí nos encontramos con los franceses con quienes habíamos compartido cuarto en el tren.



El grupy, ladera abajo...


Comimos en una casa-restaurante, aunque la guía preparó la ensalada de huevos duros, pepino, tomate y un quesito. Lamentable la comida, nada típico y un triste platan-ito de postre. Continuamos hasta llegar a un pueblo más grande, y pasamos por delante de la escuela (edificio con el tejadillo rojo), y vimos el nuevo edificio-escuela que estaban construyendo con fondos de Intermon Oxfam.

Al regresar a Sa Pa dimos una vuelta por el mercado, por la zona de la carne, del pescado, las frutas y verduras… Ya teníamos al lado a una pandilla de mujeres con los bolsos, las fundas de los cojines y unas colchas.

Las que vendían bolsos me pegaban unos meneos de flipar, casi me vi "acomodada" en un cesto de plátanos. La escena fue un poco así: yo que me fijo en un bolso, una que se cosca y me empieza a enseñar todos sus bolsos, otra que también quiere vender, y la primera que comienza a colgarme bolsos del cuello… Se acerca otra que lleva fundas para cojines, y entonces la nº1 de los bolsos me tira del brazo… Aparece en escena la del puesto de la fruta que protesta porque con tanta gente alrededor tapamos su mercancía, y fue en ese momento cuando noté que una masa de lugareñas me movía y vi los plátanos muuuy cerca. Y mientras tanto, todas gritando los precios y preguntando “Ana, you say, you say...”, para que les dijera yo el precio. Ese es el error, responder a ¿Cómo te llamas?... Muy estresante. Digo que vuelvo de vacaciones como para ir a un balneario y la gente se ríe y no me cree, pero con situaciones de estas no es para menos.

La mujer de la colcha nos acompañó casi el resto de la tarde, todo el rato negociando… Que cansina, la abuela. Le dije un precio muchísimo más bajo y lógicamente no aceptaba, pero se reía y seguía con nosotras. Lo que ocurrió es que vi a otra mujer con una colcha mucho más trabajada (porque hay diferencias importantes en este sentido), más bonita, pero más cara y sobretodo más pesada; la abuela nº 1 comenzó a bajar su precio hasta aceptar mi petición, pero entre que me gustaba más la otra y que de repente vimos mis manos azules, cual pitufo, del mismo color azul índigo de la colcha…, pues, como que se me quitaron las ganas. La abuela nº 1 no lo entendió, y a partir de ahí fue una matraca constante en presente: I say…, and you say…, and I say…, una y otra vez. Sapos y culebras salieron de su boca. Cuento esto porque nos llamó la atención que entre ellas se respetaban un montón, no sé si porque eran hermanas, pero la abuela nº 2 se retiró de la negociación paralela que tenía conmigo. You say..., and she say...

Hasta las seis no nos recogía el minibús para llevarnos a Lao Cai, y el tren salía a las 20:15, pero en las estaciones de tren hay tal caos que recomiendan ir una hora antes. Y menos mal, porque no nos dejaban pasar con el billete, que se parecía más a la entrada de un museo que a un billete de tren, la verdad. La mujer que recogía los billetes no nos dejaban pasar porque nos pedía el ticket, y nosotras insistíamos en mostrar "aquello" que nos habían dado en Hanoi; pero no, nos mandaban fuera a buscar al tipo que daba los tickets!!??. Y allí estábamos, con tropecientas personas, preguntando a uno y otro, efectivamente había un chavalillo que entregaba unos billetes a cambio del papelote que teníamos, como quien cambia cromos. Creación de empleo supongo, porque era algo totalmente absurdo. Nos costó una barbaridad realizar el canje, porque parecía que la numeración no estaba bien en el papel que llevábamos o que faltaba algún dato.


Habíamos comprado rollitos de primavera, los auténticos roll-itos, porque son pequeñísimos, como todo en Vietnam, y también una hamburguesa con queso. Hay que ver cómo te eché de menos, “querido queso”, pues allí el único que se vende es el quesito, lo que te digo, todo pequeño, el de La vaca que ríe. Ya en el tren, abrí el tupper de cartón y allí estaba el ques-ito, junto a la hamburguesa.

Se conoce que los tranchetes aún no los importan. Que panzada de reír, por favor. Y a propósito de la cena, aunque este tren era mucho mejor que el del trayecto de ida, el restaurante también era móvil: un carrito con bolsas de patatas y cervezas y cocacolas, así que es aconsejable llevar comida.

Nada más acomodarnos, nos dieron una botellita de agua y un vaso de cartón. El agua efectivamente era gratis, y el vaso de cartón no era para el agua, no. El tren hizo una parada al amanecer en un pueblo de cuatro casas. La cosa funciona tal que así: sube al tren la chiquilla de la casa, y si quieres té o café, pues le das el vaso, ella se va a la casa y vuelve al minuto con lo que le has solicitado. Pagas y punto. Eso es organización y lo demás tonterías.

Me ha quedado un poco largo este post, pero es que esta zona del país me ha gustado un montón y tengo la certeza que a muchos de vosotr@s también os encantaría. Tan sólo hubiera añadido alguna noche más en algún poblado de minorías étnicas, que incluyen seguramente un trekking más interesante, o al menos en Sapa, para alquilar un "hombre moto" y llegar un poco más lejos. El pico Fan Si Pan tiene que ser impresionante pero teniendo en cuenta que mi máxima en deporte es subir una cuesta con las bolsas del Mercadona, representa un imposible en mi vida. Soy consciente de mis limitaciones pero por si hay alguien interesad@, según la guía requiere al menos cinco días.

Otra cosa que aconsejo, si hay tiempo, es hacer uno de los trayectos en tren de día porque estoy segura que las vistas del valle del río Rojo tienen que ser maravillosas, y negociar con las mujeres solo por lo que interese ya que si empiezas y después pasas, sin decir "tú precio" se mosquean un montón.

16 noviembre 2007

Relato de un viaje a Vietnam

Empiezo a publicar por fin el relato del viaje a Vietnam. El pasado año competía con Tailandia como destino vacacional, pero en aquella ocasión nos decantamos por este último. Vietnam continuaba en mi lista de viajes interesantes y deseados, y por lo tanto un país digno de ser visitado, eso sí, me había creado grandes expectativas en cuanto al encanto de una ciudad como Hanoi, la magia de la Bahía de Ha Long, la inmensidad de las montañas de Sapa, la suculenta gastronomía y las maravillosas compras, particularmente en Hoi An.

Si bien es cierto que el país tiene parajes absolutamente maravillosos y ciudades con verdadero encanto, creo que el sabor de boca final se ha visto “amargamenteafectado por las lluvias incesantes que nos han acompañado prácticamente todo el viaje. No obstante, me ha gustado un montón y os lo recomiendo, a pesar de que sus habitantes esconden tras su sonrisa muy mala leche. El recorrido que teníamos previsto en esas dos semanas era Hanoi - Sapa - Hanoi - Bahía de Ha Long - Hanoi - Hue - Hoi An - Nha Trang - Ho Chi Minh, pero se vio modificado...



Comenzaré con un pequeño párrafo sobre el pre-Vietnam. París pasó sin pena ni gloria, sin desmerecer la ciudad, pero es que sólo hubo tiempo para una cena rápida. Sin embargo, me resultó impresionante Kuala Lumpur desde el aire y precioso su aeropuerto, con un montón de servicios para ocio y descanso entre vuelo y vuelo, aunque con masajes a precios europeos, así es que decidí empezar a controlar los gastos y entre paseo, tiendas y lectura en unos sillones muy cómodos con reposapiés y todo, pues se pasaron rápido las 4 horas y pico hasta coger el vuelo a Hanoi.


El avión de la compañía Malasia Airlaines era genial, con pantallas individuales y mogollón de películas, CD’s, la información del vuelo al minuto, donde nos encontramos, trayectoria y todo eso que a mí al menos me encanta, servicio de envío de SMS a través de Vodafone y hasta te brindaban la posibilidad de hacer cursos de idiomas (incluido el vietnamita). La comida estupenda y, por poner una pega, las mantitas de verano y feas de la leche; pero lo más asombroso fue escuchar por los altavoces mi nombre y apellidos, perfectamente pronunciados, minutos después de salir del avión… La pelos, que impresión!!!


Me presenté en el punto de información y…, ainsss, que me había dejado la cámara de fotos. Snif, snif, mi bien más preciado. ¿Cómo pude abandonarla? Ojalá ese hubiera sido mi único despiste, ejem, porque en este viaje he estado particularmente distraída, desordenada y con un nivel de organización a la altura de la suela de las botas. Nada que ver con mi manera de ser, cosa que me preocupaba un poquito aunque tampoco hacía mucho por aplicarme y evitarlo, y la verdad, nunca me quitó el sueño. Supongo que está bien desconectar de vez en cuando en lo que respecta a nuestra forma de ser.


Ya había contado un poco mis primeras impresiones en Vietnam, pero retrocedo al momento del cambio de dinero en el banco del aeropuerto. Aquí sufrimos nuestro primer timo (brruggh, no sé si voy a tener tiempo de detallar todos los que hemos sufrido), porque contamos los billetes y faltaban algunos, así que se lo comentamos a la cajera y con toda su cara nos dijo que no tenía más de esos… Upps, un momento, que me voy a pellizcar, ¿Pero, esto no es un banco? Luego aparecieron, aunque no todos. Estábamos indignadas, pero claro, entre cabrearnos y matar a la lugareña o perder un poquito de dinero, optamos por lo segundo. Por cierto, tantas horas dedicadas al inglés, para llegar a Vietnam y no entender "ni papa".


Ante los comentarios en los foros de viajes sobre los tropecientos taxistas que te acosaban en el aeropuerto tratando de llevarte a un hotel y cobrar la comisión, decidimos contratarlo a través de la Guest House que habíamos reservado por Internet. El acuerdo era el taxi desde el aeropuerto, dos duchas, los billetes de tren Hanoi-Lao Cai-Hanoi para esa misma noche, dejar parte del equipaje allí, y una habitación por dos noches al regresar de Sapa. El chico que nos fue a esperar nos puso todo orgulloso el karaoke del coche en ON y la verdad es que aunque no cantamos los vídeos sonaban bien, incluso en vietnamita. Comentar, que apenas había taxistas dando la lata y que decidimos “cancelar” la ducha cuando vimos el estado del minibaño de la recepción… Así es que, nos lanzamos a descubrir Hanoi.


Hanoi me pareció una ciudad con mucho encanto, a pesar de la invasión de las motos y el ruido ensordecedor que ello provoca. Alguien podría pensar, pues en Barcelona también va mucha gente en moto. Efectivamente, pero nada que ver. En Vietnam las motos tienen silenciador, a juzgar por el pi-pi-piiiii casi permanente, tanto, que yo creo que viene de serie y tocan un botón para hacerlo callar muy de vez en cuando. No me extraña que los vietnamitas griten tanto, es obvio que se habrán quedado sordos. Parecen ametralladoras y una se pregunta, pero ¿la guerra no había terminado ya? La segunda diferencia es que en Vietnam las motos tienen hasta 4 plazas así como un “amplio” maletero, y no os imagináis la de cosas que caben en él. En la ciudad es tronchante, pero lo que se ve en las autopistas del país es para morirse de risa…, pero bueno esto es anticiparme… Podría añadir incluso una tercera diferencia: repelen los turistas.

No hay muchos semáforos por allí, total para que gastar en ellos para el caso que les hacen… Aprendimos rápido a cruzar la calle, cosa que viene muy bien para controlar la ansiedad y es que, por muchas ganas que tengas de llegar al otro lado de la calzada, corriendo es un error, que lo sepáis. Lo ideal es hacer pandilla con los lugareños que van andando (si es que encuentras alguno, claro!!), y en caso contrario, pues te lanzas al mogollón y vas andando lentameeeente, dejando a los sujetos que van motorizados “la responsabilidad “ de esquivarte. Y así es como sobrevivimos esas primeras horas, sintiéndonos un poco como las protagonistas de un videojuego.

Nos acercamos hasta el lago Hoan Kiem, ese que la guía aconsejaba rodear para así conocer mejor la ciudad y poder orientarse sin problemas. Tengo que decir que eso no es cierto, a lo mejor porque no lo rodeé del todo. El lago y su entorno de día es bonito, pero de noche lo es infinitamente más; precioso, muy bien iluminado y con mucho encanto, tan romántico...


Después de un paseíto por algunas calles del casco antiguo llegamos a un centro de masajes con muy buena pinta, donde pagamos 6$ por un masaje relajante de cuerpo de una hora, no sin antes preguntar si nos podíamos duchar. Un gustazo, que limpito todo... Tan relajante que hasta resultaba agradable pasear, si no fuese porque debías compartir espacio con las motos ya que las minúsculas aceras sirven además de parking; pero es que además, los pocos huecos libres que podrían ser transitables los suelen ocupar los comerciantes y los múltiples chiringuitos de comida con pequeñísimas sillas y mesas. Que poco duró la sensación de relajación, pero al menos se presentaba mucho más agradable el viaje de toda la noche en tren…


Unas pruebas fehacientes (sin sonido!) de todo lo dicho...





10 noviembre 2007

Lo bueno dura poco

Escribo desde el aeropuerto de Kuala Lumpur (Malasia). Esto se acaba, snif, snif. Si los milagros existieran sin duda uno de ellos seria la reflexologia podal, porque gracias a ella y al buen uso, soy persona. Me han dado una masaje en este aeropuerto que ha hecho que resucite, aunque la verdad es que esta maniana en Ho Chi Mihn ya me arreglaron un poquito el cuerpo!! Tal vez es mejor que vuelva a Madrid y "descanse" un poquito de estas vacaciones, porque la vida del turista es muy dura. Teniendo en cuenta que desde que sali de Madrid el 26 de octubre he cogido 53 medios de transporte, entendiendo por tales, aviones, barcos medianos y pequenios, trenes, minibuses, autobuses, motos, kayac, y creo que esto es todo. La bicicleta no pudo ser porque diluviaba y del ciclo hemos pasado. Tan solo me quedan 2 aviones y un par de trenes, ya que pretendo desayunar y comer el domingo en Paris.

Escribire el relato a partir de lo que he ido anotando en mi cuaderno de viaje en cuanto pueda. Me ha gustado, me lo he pasado genial y claro que lo recomendaria como destino, pero no volveria. Por poner algun ejemplo, algunos entornos maravillosos, la comida fabulosa, he engordado y todo:-), pero los lugarenios me han crispado los nervios, cosa que ya intuia... Esta claro que somos un dolar con patas para ellos.