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07 junio 2010

Fez, acariciando el Medievo (parte II)

La gastronomía marroquí es bastante buena, muy especiada, cosa que a mí me gusta. El plato por excelencia es el cuscús, una mezcla de verduras, cordero y sémola, que puede estar muy rico o resultar incomible; creo que todos tendremos experiencias parecidas con nuestra querida paella o tortilla de patata. Yo es que soy más fan del tallín, que es el nombre del recipiente de barro donde se cocina la carne o pescado, y eso fue lo que cené cada día, tallín y brochetas de carnes diversas, aunque me relamo aún de gusto al recordar el sabor de aquel tallín de cordero y ciruelas cocinado además con cebolla pochada en Snack Omar!! En cuanto al drinking, creo que no me cansaría nunca de esos zumos de naranja y ese delicioso té a la menta.

Me gustaría dedicar un parrafito al deporte nacional: por un lado está el futbol, practicado por niños, y hay que ver la de "Messis" que hay en Fez; parece que vende muchas camisetas este Messi aunque no sé si esas precisamente le darían muchos beneficios... Por otro lado está el Sitting&Watching practicado por adultos varones que se sientan en las terracitas próximas a la "puerta azul", y ahí pasan la tarde, de miranda como aquel que dice. Esta costumbre musulmana (creo) me sigue dejando perpleja. Mi tercera vez en Marruecos y sigo viendo lo mismo: la población femenina sigue sin hacer deporte, levantamiento de bolsas de comida, si acaso.

El segundo día, después de un estupendo desayuno en uno de los restaurantes de los alrededores de la "puerta azul" seguido del paseo matinal al mirador Bord Nord, nos fuimos en un petit taxi hacia la Plaza des Alaouites, donde está el palacio real, que no es visitable pero tiene una fachada bien agradecida para las fotos, laverdad, y unas puertas doradas que te invitan a acercarte.

En las proximidades del palacio está el Mellah o barrio judío con una calle principal que nos ofrece también imágenes sorprendentes, si bien el tipo de tiendas de ese barrio son de otra categoría, tiendas de aspecto mucho más cuidado, mucha joyería como era de suponer, perfumerías más glamurosas, ventas de discos y material informático, electrodomésticos, y en general, ciertos productos dirigidos a un público con un nivel adquisitivo unos puntos más alto. Los edificios tienen también un estilo bien diferente a los vistos en las casas musulmanas de la vieja Medina, balcones y ventanas con mucha madera, muy repujado todo ello. 

No obstante, hay una zona en los alrededores de la sinagoga Aben Danan, que poco tiene que ver con lo anteriormente descrito.
Calles estrechas, algunas de un metro diría, la mayoría de los edificios en ruinoso estado, ventanas sin cristales, y apuntalados con vigas sí, pero a las que aparentemente les queda poco tiempo para soportar unas paredes que convergen demasiado, y da la impresión que en cuestión de minutos se producirá el abrazo... Y es curioso, a pesar de semejante espectáculo, se siguen viendo la pandillas de antenas parabólicas afincadas en los tejados, la mayoría oxidadas.

En esta zona me llamó la atención la cantidad de perros que había; gatos no vimos ni uno pero perros vagabungos un montón, curiososo.


 
Ville Nouvelle bien merece una visita, aunque desde mi punto de vista no tiene tanto encanto. Contrasta una barbaridad con todo lo visitado anteriormente, moderna y hasta se podría decir que con un punto chic, solo hay que ver como visten los que la habitan, como lucen sus terrazas, o las marcas de sus coches... o sus mascotas: aquí vi por ejemplo a una mujer paseando un perrito con correa, y os puedo asegurar que llamaba la atención!! el único decorado común son los tejados y terrazas llenos de parabólicas.

Un paseo que intentaba imitar a los Campos Elíseos parisinos, ejem, bueno, que sí, que yo también jugué al golf, o era al minigolf!? Se quedaron un poco cortos, pienso yo. El caso es que el aperitivo en una terraza frente a la Plaza Florence y el hecho de degustar una comida en un sitio donde éramos las únicas turistas, gracias a Med, un amigo de Couchsurfing, mereció la pena. Risas, muchas risas, y una agradable conversación sobre tradiciones y vida en Marruecos que se prolongó hasta el momento de partir hacia el aeropuerto, sorprendentemente en un coche con matrícula de Bilbao... Y todo porque su mejor amigo, vivió unos años en Bilbao!! Escuchar a un marroquí con acentazo vasco y que además hable euskera fue la mejor anécdota del viaje!! 

Fez es, desde mi punto de vista, mucho más auténtico que Marraquech, supongo que es inevitable comparar ambas ciudades... y se ha convertido para mí en un atractivo rincón de Marruecos, de esos que atrapa y esto teniendo, pienso, un amplio Curriculum como viajera!!! Absolutamente recomendable para desconectar de las tensiones que nos genera a veces Madrid y a tan solo hora y media... 

06 junio 2010

Fez, acariciando el Medievo

Rebobinando en el tiempo y acariciando el Medievo..., porque visitar Fez y perderse por el laberinto de calles de su interminable Medina es como sumergirse en otro mundo bien dispar al europeo. Efectivamente, un mundo inundado de imágenes y de sensaciones que se me antojan simplemente fascinantes; un cúmulo de aromas, ruidos y colores que chocan incesantemente contra mi retina y, cómo no, terminan haciéndolo con el resto de mis sentidos; y también está ese mar... Ahh, ¿qué Fez tiene río!?, sí, ya sé, pero me refiero a ese marrrrr de antenas parabólicas que inunda los tejados de sus casas y que hace que se rompa el mágico momento que te transportó mágicamente a la época medieval...
Fez logró su máximo esplendor allá por el siglo XIV, y es una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos, junto con Marrakech, Meknes y Rabat. He leído en varias guías que Fez es en realidad tres ciudades en una, y es así, ya que ciertamente se diferencian mucho una zona de otra, por la gente, por los comercios, y hasta por un detalle singular diría: el tipo de animalito que ves por las calles...
Fez el Bali es la zona antigua, la Medina, esa que se encuentra dentro de la muralla y que acoge a un gran número de zocos, a mezquitas y medersas repartidas a lo largo de un entramado de más de 9.000 calles, ahí es ná... Fez Yedid se conoce como zona nueva, un término que encuentro bastante gracioso porque habiéndose fundado en el siglo XIII, nueva lo que se dice nueva… Aquí podemos ver el exterior del palacio real y también deambular por la Mellah, que es el barrio judío. Una tercera zona es la Ville Nouvelle, fundada por los franceses en 1.920 y lógicamente, la parte más moderna y desarrollada de Fez.
Nos alojamos en el barrio de Fez el Bali, en la pensión Dar Bouanania. Una casa tradicional marroquí, un riad, esto es, con un patio central y las habitaciones dispuestas a su alrededor; lo cierto es que es un sitio muy agradable aunque con una decoración muy sencilla y una terraza en la azotea, aparentemente sin terminar... Limpia y económica, por lo tanto, es obvio que no hay que esperar lujos pagando 400 dírhams por una habitación doble.

Lo mejor es su magnífica ubicación, muy próxima a la Madrasa Bouanania y cerca también de la puerta Bab Boujloud, que es uno de los accesos principales a la Medina y la típica imagen que todos asociamos a Fez.










He leído que en realidad son dos puertas como soldadas, una del siglo XII y la otra del siglo XX. Las fachadas tienen azulejos esmaltados en verde en la parte que da al interior a la Medina y en azul, que es el color de Fez, en la parte que da al exterior.
En mi opinión, este alojamiento es muy recomendable si comparamos ubicación-calidad-precio. El dueño es muy amable, y en todo momento estuvo muy dispuesto a ayudarnos ante un problemita por la mala gestión del tal Mustafá... Este ser es de los que te dice a todo que OK pero luego (al día siguiente) te das cuenta que lo arregló a su manera y si te he visto no me acuerdo, o mejor dicho, me acuerdo, ya que retirar la mirada significaba que no le interesaba ni siquiera pedirnos disculpas. Tampoco malgastamos el tiempo en dedicarle las palabritas que merecía, porque nos hizo perder una hora de nuestro tiempo esperando por el guía contratado para ver la Medina durante 4 horas, sin visitas a tiendas, guía que no apareció; el precio era de 150 dírhams, pero ya os anticipo que esto no es así salvo que estés dispuesto a pasar la mitad de ese tiempo de tienda en tienda... y si no quieres tiendas, el precio establecido por el guía es de 300 dírhams. Está claro que una hora de nuestro tiempo para la mentalidad marroquí es una miseria, allí dicen que la prisa mata (aunque esta frase solo la escuché en Marraquech) y lo mejor es tomarlo con humor y paciencia...
Desde esta pensión se llega muy fácilmente al mirador Bord Nord y pienso que es interesante hacer esta subidita el día de la llegada a Fez; se tarda una media hora a paso tranquilito, muy llevadero, lo prometo!! que os lo dice una que hasta hace muy poco lo único que practicaba era el mercadoning!! Además de servir para entender Fez e intuir lo que con un poco de suerte verás durante los días siguientes, la panorámica de la ciudad es magnífica, y tal como se pasea el sol, es mejor hacerlo al atardecer cosa que no pudimos hacer porque, cosas del destino, brrughh, hubo tormenta cada tarde.
El fin de semana en Fez transcurrió así… Empezamos el día por la Medina. Dicen las Guías que lo mejor es perderse en ella, ya te digo, ojalá todos los consejos fueran tan fáciles de seguir como ese… a verrr, si es que te vas a perder aunque no te lo propongas, todo se parece mucho!! Y es que parece ser que la Medina de Fez es la más complicada, y espectacular, de todo Marruecos. Por lo tanto, lo mejor es disfrutarla a tu aire y ritmo y pensar que lo probable es que cualquier rincón sea agradable de ver. Saludando con un Bonjour, sonriendo, practicando el regateo en las tiendas de sus zocos siempre que te interese comprar, sorteando un burrito, dos burritos, tres… cargados de pieles, de bombonas de butano o botellas de agua, y por último, cuando ya estés agotado, preguntar por la salida o por la puerta azul, que es el mejor punto de referencia.



















Cuando te adentras en la Medina, no sabes bien donde mirar
porque las escenas son de lo más pintorescas. Cestos de caracoles vivos, gallinas enjauladas, otras más afortunadas (las que mejor se portan, supongo), sobre un cajón o de patitas en el suelo; montones de gatos desnutridos al acecho o durmiendo la siesta, hay que ver lo que duermen los gatos en Fez; cerámica, cobre, platería, forjados; el olor a especias, mucho cuero, a pan recién hecho; fresas con un aspecto envidiable y esos carritos tan monos llenos de naranjas; el sonido de la llamada a los rezos.




















Estas son cosas que aunque chocan no resultan tan extrañas... pero, de repente, ver pasar a un hombre que corre con dos patas de caballo en cada mano, que bien podrían ser de burro, pues te deja muda de aso
mbro... ¿Dónde irá éste con las patas? Hay quien come Manitas de Cerdo, allí igual cocinan Patitas de Caballo, vete tú a saber... Gente hospitalaria, gente sonriente, gente que te permite con agrado fotografiar sus puestos aunque no compres.



Las calles de esa zona son también un disparate.

Las hay estrechas o muy est
rechas, y sin paralelismo alguno, parecen rotondas sin terminar! vaya, lo justo para mí...

Las edificaciones son bastante altas, con pocas ventanas y de pequeño
tamaño, poca luz dejan pasar pero caminar por allí es como retroceder en el tiempo, buen ejercicio para desconectar y resetear el cerebro.



La Medersa Bou Inania fue construida en 1.350, y lo que fue una antigua escuela coránica ahora funciona como universidad aunque todos los viernes se convierte en mezquita. Es uno de los pocos lugares religiosos que está abierto para el público no musulmán y tiene una bonita torre de azulejos verdosos y un patio con asombrosas tallas de madera en sus salas. Recomiendo visitar alguna de las Medersas, el trabajo allí expuesto es como para dedicarle parte de nuestra estancia en Fez. Dejo aquí algunos detalles como ejemplo:

















Justo frente a la
Medersa Bou Inania, atravesando una callejuela, hay un café que me gustó mucho es el O’Clock, un sitio muy agradable e interesante para hacer un alto en el camino, para observar tejados próximos y en el que también hay actuaciones por las tardes. En sus alrededores de la “puerta azul” hay también un montón de cafés y restaurantes, superanimados donde te puedes sentar a observar... para integrarse más que nada!!





Encontramos de casualidad la Place as-Seffarine, plaza hay muchos artesanos del cobre y al lado está la Universidad, cerrada, al igual que la medersa el-Attarine que la estaba rehabilitando. Otro lugar monísimo es la Plaza Najjarine con una fuente azulejada muy bonita y el museo de la Madera.





Fez se convirtió allá por el siglo XV en un centro muy importante en lo que se refiere a la industria del cuero y todo porque sus gentes trabajaban muy bien este material, y ese hecho fue lo que le dio fama a los productos allí fabricados, todo eso que se conoce como marroquinería. La plaza Saffarine además de un lugar curioso para ver, es precisamente un punto próximo a la zona de los curtidores de pieles. Hay que meterse por un callejón, bueno eso siempre, allí todo funciona por callejones! Lo de encontrarlos es fácil, si tienes buen olfato, pues mira que bien, ya lo tienes solucionado, y si no lo tienes, solo debes esperar a que el tipo que se lleva la comisión salga de la lámpara y zassss, aparezca a tu lado y te lleve por 10 dírhams a hacer la visita. Probablemente pasarás también por alguna tienda amiga, en nuestro caso por una farmacia muy auténtica y por una tienda de alfombras, a esta ya no nos quedamos...



Se pueden hacer visitas con un guía a las zonas donde están realizando el curtido de las pieles y también el tintado, algo que permitiría sin duda valorar las duras condiciones de trabajo de estos tintoreros, ya que desde una terraza a bastantes metros pienso que no es lo mismo... En mi caso, dado que durante mi vida laboral ya tuve la oportunidad de ver y sobretodo de oler de bien cerca las pieles de vaca, pues como que no me atraía tanto el tema. Así es que tan solo nos acercamos a una terraza con vistas a esas megatinajas llenas de tinte químico de colores (entre otras cosas), y en las que se sumergen las pieles y los hombres, un panorama que, no deja indiferente a nadie, que no sea de piedra, claro está. Son escenas bastante impactantes, tengo que decir, y además, con sensaciones pelín angustiosas, teniendo en cuenta que el calor era bastante insoportable a esa hora y ni que decir tiene el olor que imagino allí in situ...



Continúo con el relato en otro post!

24 julio 2009

Mis días en Marrakech


Volver a Marrakech siempre es un placer. Sus colores y olores hacen que desconectes de lleno con tu vida en Madrid, bueno, a mí me gusta ese contraste, aunque confieso que en esta ocasión me faltó callejear mucho más por las calles de la Medina. Por otro lado, me sobraron algunas horas de paseo en coche por el Marrakech nuevo, la visita a los Jardines Majorelle, al museo Majorelle y su jardín, que es mono, pero taaaan perfecto, en fin, cuando no se viaja sola supongo que es inevitable aceptar planes que en principio no te apasionan, y que pueden resultar estupendos o no tanto; pero desde luego, hasta que no se prueba no se sabe.







Naturalmente que un país como Marruecos despierta nuestros sentidos y el interés por querer captar todo lo que vemos, y tanto contraste seduce hasta al más frío de los humanos. Eso es precisamente lo que me sucede en una ciudad como Marrakech.














El ambiente que se vive en la plaza Jamaa El Fna sigue siendo ensordecedor, especialmente el nocturno, pero hay que verlo aunque sea un vuelta rápida. Llama la atención en que emplean el tiempo los lugareños y algún que otro turista que se lanza al mini-mini-golf (un hoyo) o la pesca de una botella de coca cola de dos litros…, estuvimos un ratillo y no tenía pinta de llevarse nadie el premio. En definitiva, un ambiente agobiante, especialmente si uno se anima a cenar en uno de sus innumerables puestecitos de comida…. Me empeñé y fue un error, hasta nos fuimos sin terminar.


Sin embargo, me encantó visitar el Palacio Bahía. Un lugar apacible y lleno de habitaciones sorprendentes, impresionante entorno y superbien cuidado, con preciosos patios, salones y jardines; visita altamente recomendable y por poner alguna pega, le faltaría que recrearan alguna de ellas con mobiliario acorde a la época que está muy desangelado aquel palacio. Aprovechando esta visita, conviene acercarse a una plaza póxima que es un punto de encuentro de artesanos locales, es decir, un auténtico mercadillo compuesto por puestos artesanales donde puedes encontrar cosas de forja, pinturas, especies, etc., muy chulo y no tan agobiante como el zoco, aunque con menos oferta de productos.

Después de comer en un riad precioso de cuyas paredes colgaban cuadros como este de la foto, algunos de ellos a la venta, dimos por fin con la Madraza.


Fue estupendo encontrar aquello que, sin éxito, estuvimos buscando durante un buen rato por la mañana.



Confieso que me encantó ver de nuevo la Madraza de Ali Ben Youssef, una antigua escuela coránica que funcionó como tal hasta los años sesenta.


Se entra por un señorial patio con un estanque en medio, en mi opinión decorado un poco con cuentagotas, y a su alrededor se encuentran distribuidas en dos plantas las habitaciones de los estudiantes; eso sí, en los salones interiores se aprecian unos trabajos de marquetería y estuco que bien merecen una visita, al igual que el museo que está justo al lado.



Tarde con suerte!! Por casualidad encontramos un taller de tintoreros de pieles…, lástima que no hubo tiempo para entrar. Es un poco difícil encontrar estos sitios, aunque siempre hay quien te lleva por una propina, bueno nosotros nos la ahorramos ya que por la mañana nos gestionó la visita a un taller de tinte de lanas el tipo de una tienda donde compramos unas pastillas que dejan un olor magnífico en los armarios… Con esto quiero decir, que no se pierde nada por preguntar en alguna tiendecita donde has hecho alguna compra. Fueron, desde luego, mis mejores horas en Marrakech, las que más disfruté.


He reconocido en Marrakech, el país con precios baratos que recordaba… Nada que ver con el resto de los lugares, en la capital hay precios para todos los bolsillos, desde restaurantes de lujo con magníficos menús, hasta puestos callejeros donde he pagado 1 euro por carnes varias a la parrilla, con queso en loncha (y no el típico quesito de la vaca que ríe) y huevo frito, con pan de pita, riquísimo.

Respecto al alojamiento, estuvimos en el riad Les Lauriers Blancs, con habitaciones monísimas, muy buen desayuno, bastante bien situado, incluso las calles de acceso están asfaltadas, por lo tanto desde mi punto de vista altamente recomendable. Lo regentan una pareja de franceses, un jubilado de la Renault según un amigo que creo que fue guionista de Hollywood en otra vida, pero ojo que esta información no está contrastada!! La mujer es muy amable y tiene mucha información del país, e incluso guías que te puede prestar gustosa.

Siempre hay una primera vez para todo, y en esta ocasión fue la experiencia de ir haman, porque después de 9 días de ajetreo, sol y calor, dedicar un tiempo a que nos cuiden y mimen de otra manera, pues es más que apetecible. Y la verdad que me gustó, bueno, no tanto como un masaje tailandés!!, después de abrir mis poros y de que me exfoliaran la piel la verdad es que salí muy relajadita y sin pieles heridas ni muertas, y aunque hay sitios más espectaculares y caros, claro está, este era mono, estaba limpio y bien de precio, (estuvimos hora y pico por solo 10 euros), con el añadido de que estaba a cuatro calles del riad.

Dejo la Web por si os resulta interesante:

http://www.lesbainsdesindibad.com/


Regresar a Marruecos siempre es agradable y sé que volveré, porque me apetecerá seguro, y porque además tengo pendiente conocer la zona norte del país; pero creo que tiene que llover un poco antes de que se produzca ese hecho. Seduce tanto contraste. Me maravilla ver tantas escenas que me llaman la atención y vociferan a mi retina, tanto que me obligan a desear fotografiar cada callejuela, cada rincón, sus gentes, sus miradas… y todo esto ha dado lugar a que hemos regresado con un completísimo reportaje gráfico, y además, de lujo!!!

Eso es lo que me queda, imágenes en mi memoria y en mi retina, porque tengo buenas razones que hacen que recuerde con especial cariño estos días pasados en tierras marroquíes:-)

23 julio 2009

Rumbo a Ouarzazate

Hasta la vista, desierto, me has encantado!!!

Y de nuevo, rumbo a Ouarzazate, a la que llaman puerta del desierto ciudad que servía como paraje de descanso a los mercaderes que viajaban hacia el norte del país y Europa. El paisaje árido de esa zona ha servido de escenario a películas como Gladiador o Babel, y además tiene por lo visto dos importantes estudios de cine.


En lo que fue el trayecto de ida y vuelta desde y hasta Merzouga, un gran desfile de curvas que se hace bastante pesadito, paramos en algunos puntos interesantes como el valle del Draâ, una zona fértil asentada a los pies de las montañas del Atlas, y del valle de las Rosas aunque rosas ni una vimos, obviamente porque no era época; y también en la garganta del Todrá, un lugar plagado de lugareños haciendo picnic con sus manteles, mesas, neveras y enormes cazuelas, graciosas estampas familiares.





Además de lo visto en estos altos en el camino, el viaje es atractivo porque se perciben diferentes costumbres en los pueblos por los que se pasa, aunque muchos de ellos parecían pueblos fantasma a esas horas de la siesta, esa pausa en el día que se hace en casi todas partes del planeta pero que, injustamente, solo afama a los españoles… Por ejemplo, es increíble ver lo abrigados que van todos, cielos!!! Esta gente por lo visto se pone casi toda la ropa que tiene en casa, porque no me explico cómo pueden ir a 40 y pico grados con dos camisetas y una chilaba de manga larga, y eso que se vea, que probablemente debajo llevan más cosas… Recuerdo escuchar a mi abuela eso de que lo que quita el frío quita el calor, pues va a ser cierto!!!

Es curioso también, ver también las diferencias a la hora de vestir que si bien no se aprecia en los varones y niños, en las mujeres sí. Mientras unas llevan ropas con colores claros, más estilosas y atrevidas ellas y menos tapadas, otras visten (al menos su última capa) de color negro, nada de diseño se ve en estas mujeres y además parecían estar fotocopiadas; lo que me resultó extraño y gracioso fue verlas ante un puesto de ropa en un mercadillo local en el que sorprendentemente NO vendían nada negro, todas las telas que alcancé a ver eran estampadas y de rayas… Ya sé que es absurdo, pero ¿Comprarán la ropa de colores para luego teñirla? Otra duda que nos surgió, ya en Essaouira lo comentamos, era saber cómo se reconocen estas mujeres cuando quedan en la calle, para ir a la plaza del pueblo o de compras, porque el caso es que van siempre en minipandy, dos o tres del brazo; según nos contaron, se reconocen por la forma de andar, por la mirada, bueno, esto será cuando están cerca supongo… Supongo que se agudizan otros sentidos, pero yo no me lo creí mucho, y pienso que lo más lógico es que se cuenten por teléfono donde viven y queden en la puerta.La recompensa a tanta calorina sufrida en la ruta fue llegar de nuevo a Le Petit Riad y a su piscina...

Y al día siguiente, rumbo a Marrakech. Si la kasbah de Ouarzazate es interesante, o ese es el recuerdo que tengo en mi memoria de mi anterior estancia en noviembre 2005, la kasbah de Ait Benyousef me ha resultado magnífica, con unos detalles ornamentales increíbles y un entorno muy, muy atractivo para mis ojos. No en vano, es una de las mejores conservadas del país.





La anécdota fue el lugareño de la tienda que reclamó la atención de uno de mis amigos porque quería escribir en español una carta de agradecimiento a unos españoles que le habían enviado medicinas y tal y cual; una vez terminada nos lió con el güisqui del desierto, ese magnífico té, y claro, uno siempre termina comprando…



Era un tipo muy gracioso y en su tienda llamaba la atención su ordenador portátil compartiendo espacio con tanto producto típico, lo que ha cambiado Marruecos en ese sentido, la verdad. La conclusión que sacamos es que el tema de la cartita no era más que un anzuelo para que piques… su tienda está al principio de la kasbah, lo digo por si a alguien le ocurre lo mismo…



21 julio 2009

Añorando un desierto


En Ouarzazate nos habíamos acostado con la idea de madrugar al día siguiente y salir pronto hacía Merzouga, pero como tantos días sucedería, unos u otros nos enredábamos con los preparativos finales después del desayuno…

Habíamos contratado un viaje al desierto con una empresa local de Merzouga, y teníamos que llegar a esa ciudad antes de las 6pm. Días antes me habían confirmado por mail que era posible llevarnos a la zona de las dunas en un vehículo 4x4, algo importante para nosotros dado que no estábamos dispuestos a viajar a lomos de un dromedario durante una hora y media o a tomar la opción que nos sugería de ir andando durante un par de horas… El caso es que cuando llegamos allí, donde dije digo, digo Diego, y nos rebotamos un poco…, aunque lo más triste del día para mí fue el hecho de que la demora en la llegada supuso perdernos una maravilla de puesta de sol, de esas típicas, bueno, no es que nos la perdiéramos pero ver una puesta de sol de esa categoría desde el interior de un coche y botando sin parar, pues no me dice mucho, la verdad… Siempre hay que dejar algo pendiente para la próxima vez, aunque en mi caso no estoy dispuesta a viajar hasta Ouarzazate una tercera vez en mi vida. Tendrá que ser pues, en otro desierto.


La noche en la haima finalmente no pudo ser. Llegamos al campamento adentrado unos 40 Km en el desierto, como un pequeño islote rodeados de dunas, pero como el calor era insufrible en su interior nos colocaron los colchones y las sábanas en el patio central. El campamento como os podéis imaginar era muuuuy básico, y aunque tenía baños, o así le llamaban a a aquello, pues como que preferimos no utilizarlo jeje.

Ese fue un momento gracioso, porque eso de que al desierto le llaman desierto no sé muy bien por qué es. Allí una va “al baño”, osea, a una duna, porque como decía, el baño cerrado con cortinilla, mejor ignorarlo… y aparece gente entre otras dunas, que mira que no hay dunas y dunas alrededor, vamos, que parece la calle Preciados en Navidad, y luego, te das cuenta que había un montón de animalejos, hombre con los dromedarios ya cuentas!! Pero algunos casos nos sorprendieron, porque que al amanecer nos despierte el maullido de un gato, es bien curioso, debe ser que los gallos no se estilan…

Y allí cenamos, todo muy bueno aunque tantas tapas de olivas mientras terminaban de cocinar los platos fuertes no nos permitió terminar con toda aquella comida. Y después de la cena, güsquicito va, güsquicito viene, en mi caso ron moreno, y tanto güisquicito es lo que tiene..., el encargado de despertarnos para ver amanecer me temo que estaba demasiado resacoso como para levantarse…, vamos, que se durmió. Se conoce que el viento con la arena no le molestó bastante en su rostro, y eso que era bien desagradable y que no oyó el gato...

Siempre hay una primera vez para todo, y allí hice el Máster de como hacer un vaso para cubatilla con una botella de agua de 1,5l. Me han faltado las prácticas, pero yo creo que me las convalidan porque estuve muy atenta, no!? Ah, y al cortarla por la mitad salen dos vasos de cubatilla, de modelos diferentes, pero dos vasos!! Con esta historia nos reímos un montón porque cuando mi amigo (el instructor) se disponía a fabricar el primer vaso, ya cortado el patrón, va el morito y se lo quita de las manos… y vuelve el tío con el vasito convertido en portavelas!!! Debió pensar que lo que queríamos era más luz!! Fue tronchante, y el resultado: un vaso menos.

Nos acompañaba en aquella noche también un cielo estrellado, en el que se apreciaba claramente la vía láctea y tantas y tantas estrellas fugaces, que todo el mundo vio menos yoooooooo, todo el conjunto formaban un extraordinario espectáculo, al igual que el que nos brindaron los lugareños al ritmo de sus instrumentos musicales y cánticos, y también pésimos chistes… Y así nos dormimos, más o menos.

Este viaje lo contratamos con una empresa que NO recomiendo en absoluto. En varias ocasiones, tanto a lugareños de las tiendas como a los de los riads escuchamos que el mejor conductor de las dunas era Alí el cojo, así que si repitiera en mi vidita lo contrataría con él.

Dejo la página Web de ambas empresas, aunque al tal Alí, le podéis encontrar en facebook y todo!!

www.alielcojo.com

www.letoiledesdunes.com



Y he aquí una muestra del paisaje después del amanecer, de camino al hotel, en Merzouga.



Después de días, recuerdo las sensaciones vividas. Pequeñas y grandes dunas, arena, mucha arena, y un desierto allí al lado, dromedarios que dormitan, bereberes y chiquillos de pueblos próximos que pasan por allí. Imágenes que hipnotizan y que me recuerdan a estampas imaginadas en algún momento de mi vida. Te parece que sueñas, pero resulta que abres los ojos y todo está allí.

Hace tiempo que no sentía ese efecto de emoción que se produce cuando uno está en un lugar que le resulta insólito, y pasar esos días en el desierto, en la inmensidad las dunas, ha sido una experiencia genial, y tengo que decir que me ha sabido a poco. Una grata impresión que me ha recordado a otros momentos extraordinarios de mi vida, los vividos ante el esplendor de las pirámides y templos de Egipto, esa Petra maravillosa, el entorno del Gran Cañón, la bahía de Ha-Long o las islas Phi Phi, los días en Jesuralem o aquel atardecer en el desierto de Wadi Rum. Me ha sabido a poco, digo, tanto, que estoy pensando en hacer planes para vivir de nuevo esas emociones en mi próximo viaje...

Un lugar mágico, que recomiendo simplemente por el hecho de poder saborear con agrado sus deliciosos platos y además, poder contemplar desde la magnífica piscina o desde la azotea la majestuosidad de las dunas de Erg Chebbi que se alojan a sus pies, es el hotel Kanzerremal; mucho calor, pero se soporta con cierto agrado porque el espectáculo desde la piscina compensa y desde luego, no nos deja indiferentes.

Las dunas son de una belleza que te atrapa. Sus caprichosas formas provocan a nuestros sentidos y hacen que desconectemos de nuestra rutinaria vida, vamos, una más que probada terapia antiestrés, al menos yo así lo viví.


Vistas desde la azotea del hotel, hora aproximada 7am

Tantas cosas que pensábamos ver en los alrededores del hotel, que si el lago no se qué, que si las pinturas rupestres… y si nos descuidamos nos perdemos hasta la puesta de sol!!! No fue mi caso, que para esto del sol y la luna estoy muy pendiente!! He aquí una muestra de un bonito y particular atardecer, aunque no fue tan espectacular como la de la tarde anterior cuando nos dirigíamos al campamento de haimas, ese típico con el sol rojizo, ese que nos perdimos por llegar tarde, ainsss…

Durante esta puesta de sol, con una imagen muy curiosa, estuvimos charlando con una par de chiquillos que venían del pueblo de al lado. La gente es muy amable en Marruecos, realmente hospitalaria y muchos de los lugareños charlan desinteresadamente con los turistas, como era el caso de uno de estos chicos. Impresionante alegato a la sensatez y madurez con tan solo 17 años, sí señor. Un español aprendido viendo la tele y hablando con los turistas, que me dejó pegada a la arena. Un respeto por sus costumbres y por su familia, que es digno de admiración, en fin, espero que la vida le devuelva con creces todo su esfuerzo y buenas intenciones. Sus planes eran ir a estudiar filología a la Universidad, y no fijarse en las chicas, que para eso ya estaba su madre, que allí las madres hablaban entre ellas y buscaban la mejor esposa para sus hijos. Y con su convencimiento de que su madre lo iba a hacer mejor que él, allí le dejamos, a él y a su amigo.


Del desierto me sorprenden mucho los tonos de la arena, que parece diferente por el efecto que en ella produce la luz del sol; y llegas a la cumbre de las dunas, después de no poco esfuerzo, y la estampa es simplemente genial, porque te recuerda a las olas del mar. Realmente emociona contemplar la inmensidad del paisaje.

Una puesta de sol en el desierto, es casi hipnotizadora, la arena que arde, ese sol brillante que nos dice adiós y se escapa entre un cielo muy, muy azul; pero sobre todo, sorprende del desierto sus noches, porque esa segunda junto a la piscina del hotel fue igual de magnífica, porque no me canso de decir que es una delicia contemplar desde cualquier suelo el cielo tan brillante, la luna y las estrellas fugaces que pasan sin cesar... a juzgar por los comentarios de mis amigos: otra, y otra, otra..., yo ni una, oye.

Después de horas contemplando el cielo, no me quedaron fuerzas para levantarme a ver amanecer…, bueno, para ser exactos me levanté pero por despistada que soy, especialmente en vacaciones, puse el despertador del móvil a la hora española, y claro, llevarme una segunda vez en la noche, una hora después... fue imposible para mi cerebro dar la orden a las piernas y todo eso… Así que cuando me desperté, fui a tirar unas fotos, arrepentida de haber dormido tanto, porque siento que en este viaje he dormido demasiado tiempo.




13 julio 2009

De la costa marroquí al interior

Estar de vacaciones es una delicia, y volver a Marruecos siempre es un placer.

Primer punto donde nos dejamos caer: Essaouira, que parece que ha conseguido una categoría musical y cultural a nivel internacional, gracias al Festival de la Música del Mundo que atrae a amantes de la música de otras zonas del país y de otros países, como fue nuestro caso. El buen ambiente que esperábamos encontrar y el hecho de que se trate una ciudad diferente a lo que uno espera ver en el país, hizo que lo contempláramos como primera etapa del viaje.



El ambiente en el escenario de la playa, y al atardecer, era fabuloso, y disfrutabas de la puesta de sol mientras escuchabas unas melodías de fondo de los grupos que en allí ensayaban. Por la noche, ríos y ríos de gente por sus calles y plazas, demasiado mogollón desde mi punto de vista. En general, día y noche, el deporte allí es mirar, de manera que la gente se sienta en el muro de la playa, en un banco, y simplemente mirar al que pasa. Qué cosas.



Confieso que no sé si me gustó volver a Essaouira, es decir, me gustó, pero guardo un mejor recuerdo de la primera vez que estuve allí, y me da un poco de pena quedarme con cierto sabor amargo cuando pienso en que hace cuatro años, sencillamente, me encantó.


No obstante, no solo es recomendable, pienso que es también imprescindible en un viaje a Marruecos. Una ciudad amurallada con una medina catalogada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2001, con cierto aire bohemio algo que según he leído, sirvió como fuente de inspiración de artistas; con un montón de placitas, tiendas y galerías de pinturas se acoplan a ese entorno singular en cuya herencia cultural e histórica han participado desde los fenicios, hasta los portugueses o algunos sultanes sauditas. Me recuerda un poco a Tarifa, la verdad. Su riqueza gira en torno a la pesca, no en vano se come un pescado delicioso y recordaba yo que muy bien de precio…, y también en torno a la venta de productos de artesanía y joyería.


Dos cosas me crispan un poco respecto a los días en esta ciudad. Por un lado, no tuve demasiado tiempo para callejear y cotillear en sus tiendas, cosa que me ha llevado a bajar el presupuesto de gastos varios, y por otro lado, el pescado que comimos no era lo que nos apetecía, pero es el problema de elegir y después encontrarse uno con más gente que en principio sabe más que uno…, no sé el motivo pero siempre asientes a la peor de las opciones.


Aún así, la langosta estaba buena, aunque no es lo que más me atraiga…

El caso es que ambas cosas creo que han influido para que piense un poco en negativo con respecto a esta etapa del viaje, aunque me sigue pareciendo una ciudad encantadora.





Homenaje al mejor café que probé durante todos estos 10 días!!




Dos días después, pusimos rumbo al interior del país, pasando de nuevo por Marrakech y con destino final Ouarzazate. Tal y como intuíamos, el trayecto se hizo bastante pesaaaaado sobre todo por el desfile de curvas de la segunda parte del viaje, de tal manera que cuando llegamos a Ourzazate apenas teníamos ánimos para dar una vuelta por la ciudad, y tan solo salimos a cenar a un restaurante local en una calle muy, muy animada. Mucha, pero mucha gente en la calle, una verdadero aluvión de gente de todas las edades, padre, madre y sus niños. Qué ambientazo. Increíble.

Nos acompañó Joaquín, el conductor con coche que habíamos contratado, que en realidad se llamaba Yassir o algo así, pero uno decidió llamarle Joaquín y casi siempre nos referíamos a él como Joaquín que a veces derivaba en Yasmin... Un tipo muy majete y con un coche fabuloso, con capacidad para 6 personas y los equipajes.

En Ouarzazate nos alojamos en un sitio que a mí, particularmente, me encantó: Le Petit Riad, un lugar realmente acogedor y con mucho encanto, el que más me ha gustado de todo el viaje sin duda. Su dueña, Fátima, la primera mujer guía turística del país te puede facilitar un montón de información de la zona y aconsejar sobre todo lo interesante que hay que ver en la ruta hacia Merzouga o hacia Marrakech y tiene además, una práctica biblioteca. Creo que en ese sentido desaprovechamos un poco sus conocimientos, entre otras cosas por la falta de tiempo ya que no éramos sus únicos clientes.